viernes, 21 de junio de 2013
Helados culpables
"¿Qué es un adiós, sino la promesa de huir para siempre? Algunos no entienden eso". La señorita Olivia se preguntó esto mismo durante todo el rato en que intentó esconderse de él. Detrás de las columnas del centro comercial trató de evadir esa mirada estúpida que la seguía por todas partes. Entró a tiendas que no le gustaban, preguntó precios de cosas que no le interesaban, comió helados culpables, se probó zapatos incómodos, habló con desconocidos anodinos, fingió llamadas eufóricas por celular, se volvió invisible. Pero no. El hilo frío de esos ojos incómodos, que alguna vez la desvistieron, la alcanzó todas las veces y le dio latigazos en la espalda, mucho tiempo después de haberlo perdido de vista.
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