sábado, 26 de febrero de 2011

Malditaperralosétodo

Malditaperralosétodo. Sé que te busca en las noches cuando sale de aquí sé que te pone mensajes en el celular desde el baño cuando acaba de venirse en mi boca sé que espera como un adolescente en la entrada de tu edificio a que regreses del colegio sé que se frustra porque le muestras tu cosita por cámara pero cuando se juntan no se la dejas tocar sé que lo calientas le das permiso de meterte el dedo un poquito y después cierras tus piernas duras maldita estrecha de mierda sé que te ríes de él y de sus babosadas con tus amigas de quinta cachorras descerebradas sé que aparentas interés cuando te cuenta cómo era el mundo hace 20 años  pero también él finge él finge conmoverse con tus historias mañés de barrio con moraleja incluida sé que le paseas al vecinito barrosito pipichiquito  enfrente de sus narices y lo peor es que llora llora de celos el imbécil por una costra negrapútrida estrato dos como vos sé que cuando me mira ve tus ojos "etsóticos" chirretes y malevos sé que le das vainas raras en la sopa para torcerle hasta el pelo es increíble se la toma y se siente raro pero piensa que le cayó mal cómo no se da cuenta el muy enyerbado se lo merece por mal polvo sé que cuando me lo mete se imagina que lo clava en tu coño estrecho y sequito que debe raspar la verga como los de las vírgenes virgen vos sí cómo no eso quisiera él jaja no como el mío que siempre fue ancho y flexible siempre desde que tenía tu edad maldita perra no es mi culpa yo pensaba que era una ventaja pero se me devolvió y ahora resulta que soy una perra vieja de coño flojo como si ser joven fuera un regalo de Dios y no un mal chiste que entendemos mucho después cuando ya todos terminaron de reírse pero no importa maldita perra no importa que lo sepa todo no importa que compita contra una chanda arribista como vos porque ya no lo quiero ya no quiero sus babas de perro viejo sobre mi almohada ni sus charquitos de orines por toda la casa ni sus cagadas en la sala ni sus montadas sorpresa mecánicas y torpes cuando estoy medio dormida soñando con una vida llena de  perros mejores que él ni sus ladridos destemplados cuando lo dejo encerrado ni sus quejidos eternos y tristes cuando no le paro bolas ni sus gruñidos cuando no le pongo el culo ya no quiero nada te lo regalo adoptalo encartate vos desde ahora maldita perra y disfrutá para siempre de la perra vida que me robaste.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Redención

Lo hacía al escondido a cada rato, sin que la mamá se diera cuenta. Con el dedo índice, blanquito y pulidito, fondeaba las paredes llenas de vellos, que le pinchaban la yema y le producían un inexplicable cosquilleo en el estómago. Esa uña era más larga que las otras. Una conquista importante, teniendo en cuenta que cada semana tocaba revisión de manos y que cualquier extensión no autorizada se cortaba y limaba con una devoción implacable. Logró convencerla con el argumento de que era para las clases de guitarra, para el punteo, entendé, los grandes maestros clásicos la tienen así o ¿es que preferís que me quede tocando charranguiado mejor? Entonces ella le dio permiso aunque siempre con un asomo de duda porque, la verdad, desde la cocina no es que escuchara ensayos muy seguido.

Entonces el dedo. Seguía, se iba hacia adentro, abriéndose paso entre la piel rugosa de la entrada. El centro era algo seco pero en las esquinas se formaban unas costras pegotudas y maleables imposibles de resistir: daba un brinco al arrancarlas con la uña “del punteo” y sí, molestaba un poquito, pero valía la pena. Con ese trofeo bien agarrado por el borde hurgaba el fondo. Era la mejor parte, con el lecho blando que cedía al tacto y de donde emanaba la masita suave y cremosa, fuente de las delicias pasadas y por venir. De ahí en adelante, el abismo insondable; aventurarse más allá era incómodo, como perder la virginidad con cada arremetida… pero lo hacía de todas maneras porque el dolorcito y la sangre le daban un sabor a purga, a redención instantánea del pecado aún en flagrancia. Así, si la mamá llegaba a descubrir aquello alguna vez, le mostraría el dedo ensangrentado y baboso para rebajar su condena.

Entonces la masita. Esta vez no fue tan fácil sacarla. Lo intentó dos veces, presionando hacia abajo con la yema y enterrando la uña en la piel para después jalar, pero se resistía, como si estuviera tan cómoda en ese ambiente húmedo y caliente que no quisiera irse. A la tercera logró desprenderla enterita, se vino enredada, y al salir de aquel túnel el roce le provocó mini espasmos hasta la coronilla. Hasta se orinó un poquito, mmm. Contempló el botín por unos segundos, era como más carnudito esta vez, pero igual de suculento. Sin más demora, masita y costra fueron mezcladas en una bolita casi perfecta y pegadas por debajo del porta partituras. El crimen perfecto, el criminal perfecto. No, que no le vinieran con el cuento de que eso tan bueno lo estaba embruteciendo.

Al rato se puso a practicar guitarra. Un arranque de culpabilidad, tal vez. Pero arriba, en su cuarto, los acordes no sonaban bien. Qué raro. Los dedos, más torpes que de costumbre; las notas trastabillaban sin sentido en el pentagrama, pero si ya se las sabía...un escalofrío lúcido le recorrió el cuerpo. De pronto había algo de cierto en todo ello y estaba sacándose trocitos de su cerebro que ahora adornaban el mueble, resecos e inertes. Después de todo, el color del último era gris, una pista importante. Sin pensarlo mucho, arrancó las bolitas diminutas y se las tragó sin masticarlas, bueno, menos la última que todavía estaba fresca. Sabían a neuronas, a inteligencia y a virtuosismo musical. Estuvo cerca, de ahora en adelante no más perder el tiempo. A ensayar.

Abajo, en la cocina, la mamá escuchaba complacida la melodía medio charranguiada. Sirvió tanta cantaleta, pensaba, mientras pegaba una bolita perfecta en una esquina del cajón de los cuchillos. 

martes, 22 de febrero de 2011

Rosa

Que empuñaste una escoba desde los trece años
Que desde entonces te autodenominás Manteca
Que le creíste al señorito que te preñó
Que le mandaste toda la plata a los de allá
Que adoptaste a los críos de la señora como tuyos
Que la señora tenía celos de tus quehaceres de mamá sustituta
-pero nunca hizo nada, por andar detrás del pipí inquieto del señor-
Que te perdiste navidades, cumpleaños y entierros con plañideras y ron
entierros importantes, necesarios, sobre todo los entierros
Que te berrearon escupido en la cara, te gritaron bruta, india, ladrona y aún así no te fuiste ¿Por qué?
Que le creíste a otro no tan señorito que te volvió a preñar
Que a los veinte te pintarrajeabas y ahogabas la casa en ese perfume dulzón, para salir, deseosa y crespa, a encontrarte con el Gordo
Que amaneciste en fincas ajenas y malucas batiendo chocolate para cincuenta y cocinando sancochos desenguayabadores en fogón de leña
Que se burlaron de tu hablar enredado, de tu letra de niña de primaria, de tus números de teléfono torcidos y en cascada, de tus corotos y tus guindadas
Que a los cuarenta dejaste los afeites, el perfume dulzón y al Gordo, que se fue por el Hueco a buscar fortuna
-no te llevó, pues cómo, iba a mandar por vos después, cuando se instalara-
Que las sobrinas cuervo, los hijos sanguijuela y los nietos ternero aún maman de tu teta de cuero seca
Que soñás con volver a la casa de la infancia
la de antes de los trece años, la que se están robando a pedazos,
así sea para ver llover y comer bollo de yuca con quesito y ventilarte con el abanico que te heredó la señora y desterrar a las brujas del zaguán
Que llorás a los muertos más que a los vivos...
...a Teresa, a Pablo, a Tomás, a las 8 hermanas con nombres terminados en ina
Que las llorás porque sabés que serás la última
pero a veces quisieras irte ya
pa que te lloraran a vos también,
pa no aguantar más cagadas de tanto cagón junto,
pa no tener que envenenar más culebras,
pa jalarle las patas a más de uno por la noche y cobrárselas enteritas.
Que aquí seguís, que qué se le va a hacer
Que hasta que al de arriba le de la gana de mandar por vos
Que...nada