En cuclillas le gusta más. Así se calienta más rápido, con tanta sangre agolpada de repente haciendo fiesta en su vulva. La lengua recorre la piel rasurada, plagada de pequeños comedones y de negligentes cortes de cuchilla. Siguiendo instrucciones, él se va hacia la esquina de arriba, hacia el pliegue que da la bienvenida a su terruño feliz. Ese terruño no ha tenido tapete de bienvenida desde el 2005 !jajaja! Vio eso en algún programa y le hizo gracia...aunque en su caso no aplica, si algo, ella se ve más bien como un lote en sucesión. Risa contenida, se tambalea un poco. Abajo, él protesta: "Ten cuidado, que me partes la nariz", dice el muy...concentración mejor. Él dibuja ahora pequeñas espirales en el pliegue. Bendita lengua artista. Baja un poco, despacio y suave, pero sin tocar el clítoris, aún enterrado. Se mueve, sigiloso, en la vecindad de su botoncito de carne y lo roza, le sopla encima, como quien empaña una ventana con el aliento en un día lluvioso, para escribir después con los dedos. Calor. Le suda la nuca. Los dedos separan los labios colgaditos, templando todo a su paso, y exponen la piel resbalosa y tersa. Un dedo en forma de garfio se cuela en la vagina; fue brusco al entrar, pero se siente bien...incómodo y placentero a la vez, como una infección urinaria.
El botón despierta, al fin. Tanto roce, tantas espirales, tanto aliento lo vencieron. Ella, arriba, se mueve más veloz, más circular, más ardiente. Gime, suda y se moja desde el ombligo hasta el ano, como si hubiera dispuesto diminutos aspersores por allí. ¿A q u é t e s a b e? D I M E!, suplica, con voz mecanografiada. Él preferiría no responder, pero no lo dejará en paz hasta que lo haga. "Sabe dulce", resopla. ¿Dulce cómo? ¿Como chocolatina?, insiste ella. "No. Más ácido que dulce, como eres tú", responde, exasperado. Ella, arriba, apenas lo escucha y asiente con el culo; lo mueve adelante y atrás, aceptando aquello, cada vez más rápido, cada vez más profundo. No más pensar en nada. El botón, enrojecido y babeado, brota al fin de entre su escondite de piel y se expande en la boca de él, como un pene diminuto y pulsante. Expulsa también un chorro ámbar claro, incontenible y explosivo, que desborda la cama e inunda el piso. A lo lejos, escucha que gritan. Eso es todo. Silencio.
Minutos después del éxtasis, ella mira hacia abajo y no ve nada. Las sábanas empapadas y él no está. Unas cuantas tiras de piel quedaron en el lugar: lo disolvió con su amor mojado y ácido. Se sienta en la cama y suspira. Un final muy feliz.
Excelente, Catalina, mucho tiempo sin comunicarnos. Espero que todo en tu vida marche bien. Admiro tu capacidad narrativa, en especial la descripción con acción que tanto atrapa al lector.
ResponderEliminarGran calidad literaria, como sabes a mí también me gustan estos terrenos.
Un abrazo, recuerdos...
Luis David
Muy bueno aunque tienes que poner un par de rombos como hacían en España hace años, cuando era para mayores de 18 años, jejeje...
ResponderEliminarHola Luis,
ResponderEliminarMil gracias por tus palabras, muy valiosas viniendo de ti. Sigue pendiente la tertulia aquella que nunca se concretó.
Un abrazo, lo mejor para ti.
Catalina
Jajaja! Sí, lo haré, afortunadamente por ahora solo me leen los mayorcitos.
ResponderEliminarAbrazos!!!