domingo, 20 de marzo de 2011

Un corazón amarillo

La señorita Olivia había esperado su llegada por varias horas. Sentada en el banco de madera del centro comercial, un prendedor de corazón amarillo en la solapa de la chaqueta, como le había especificado en el chat...le esperaba. Miraba hacia la izquierda y luego hacia la derecha, pero nada. Está que llega, se le hizo tarde, el trancón, el pico y placa...se decía, para calmar los nervios y embolatar la hedionda certeza de que la habían dejado plantada. Pero no. Por ningún lado aparecía Juan, de 1.80 metros, cabello castaño, atlético, atractivo, profesional, divertido, aficionado a la lectura y al buen cine y que vestiría pantalones caqui y camisa verde botella, marca Lacoste. Por ningún lado. Seguro la vio y se arrepintió...ella ahí, toda ridícula, rechoncha y necesitada, meciéndose adelante y atrás en ese banco incómodo, alternando las piernas del carrizo cada tres segundos. Pensó en las varices que se estaba ganando al hacer eso y de una descruzó las piernas. Pensó en la posición encorvada que adoptaba por momentos debido al cansancio y de una se enderezó. Pensó en su cabello, cuidadosamente cepillado para que quedara como al descuido y de una se lo repasó con los dedos. Pensó en su maquillaje, recargado y mal aplicado - no solía maquillarse en la vida real- y de una se frotó el exceso con la palma de la mano derecha. Pensó en muchas cosas, pero cuanto más pensaba, más anochecía y nada de Juan. La gente iba y venía, pero nadie se interesaba en ella, anclada allí, haciendo ya parte del mobiliario del lugar. Así que a las siete y trece de la noche se levantó, esperó algunos segundos a que sus nalgas volvieran a ser persona y se marchó a su casa. Había dado unos pocos pasos, cuando escuchó detrás suyo la voz cantadita de una niña diciéndole: "señora, se le cayó su corazón". La señorita Olivia volteó a mirar a la pequeña, de unos cinco años, que le extendía el prendedor amarillo - ahora ennegrecido con la marca de un zapato- como si esperara una recompensa y, hastiada, le respondió: "bótalo a la basura nena, que es la tercera vez que me lo pisotean esta semana".

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